Agatha Ruiz de la Prada

Ágatha Ruiz de la Prada comenzó su carrera en el mundo del diseño a los 20 años. Primero como ayudante en el estudio madrileño del modisto Pepe Rubio. Y luego, en un estudio de 49 m2 de manera independiente. Organizaba tardes de té en donde mostraba pequeñas colecciones, todo lo dibujaba a mano. Reconoce que en un principio era muy difícil vender. “Me gustaba vender. Eso es importante. Te tiene que gustar vender. Yo me movía en un círculo muy reducido, mis primas, mis vecinas, las niñas de mi colegio. A ellas intentaba venderles mis trajes. Aparecía mucho en la prensa, pero todo el mundo decía “‘Ágatha está loca’. Tanto lo decían que en algún momento pensé que podía ser verdad”.

Un comienzo lleno de diversión

La movida madrileña fue un movimiento contracultural surgido durante los primeros años de la transición de la España posfranquista y que se prolongó hasta mediados de los años ochenta. Tuvo un carácter innovador, liberador y moderno, que supo romper con lo tradicional. Y allí estaba Ágatha. Era la más joven de todas, la única chica y también la única que conocía el museo de Arte Contemporáneo. Gracias a la influencia de su padre obtuvo una educación pictórica, quién conocía todos los museos, las galerías y los estudios de los artistas.

“Tuve dos cosas importantes que marcaron completamente mi vida. El lanzamiento de mi primer perfume (año 1992). En esa época un diseñador soñaba con tener un perfume. Era una obsesión. Si tú tenías un perfume habías triunfado. Y luego, una exposición que hice de vajilla, la más bonita que he hecho en mi vida. La hice en una galería de arte, en Juana de Aizpuru”, recuerda Ágatha con una sonrisa dibujada en su rostro.

El Corte Inglés, París y Nueva York

A raíz de un titular en un periódico en donde la diseñadora expresaba sus ganas de vender sus productos en El Corte Inglés, para su marca fue un antes y un después. Entró en las grandes superficies con sus perfumes y luego con el resto de sus productos. Recuerda por ejemplo unos cuadernos que hizo de los que se vendieron muchísimos. Y también recuerda que el primer año llegaron a vender setecientas mil unidades. Todo fue explosivo y en aumento. Uno de sus sueños ya se había cumplido.

Luego quedaría otro sueño más por cumplir: París y Nueva York, que no tardaron en llegar. Ágatha Ruiz de la Prada abrió tienda en París, Milán y más tarde Nueva York en donde alquiló un loft arriba de la tienda.

¿Cuáles son los próximos pasos de tu marca?

“Nadie tiene idea de lo que va a pasar. Estamos en un gran torbellino. Nadie tiene idea de lo que está pasando en la moda. Antes el camino era, por ejemplo hacer unos trajes para una señora rica, los pagaban y así funcionaba. Ahora nadie tiene idea de lo que funciona.

“Nadie tiene idea de lo que va a pasar. Estamos en un gran torbellino. Nadie tiene idea de lo que está pasando en la moda”

El mundo de la moda en una época era la Alta Costura. Pero la Alta Costura murió, dado que hoy en día un traje de esos vale entre trescientos mil y quinientos mil euros, ¿quien se va a gastar ese dinero? Luego el prêt-à-porter que también es carísimo. Y más tarde el low cost. Por ejemplo un traje de prêt-à-porter vale cinco mil euros y algo similar te lo da Zara por cincuenta euros”.

Lo que sí asegura es que se va a seguir divirtiendo como lo ha hecho hasta ahora. Jugando y sin mirar el reloj.

Adiós a las tiendas

Para la diseñadora las tiendas son una verdadera locura. Sostiene que las va a reconvertir en algo muy divertido. Hace un recorrido por tres tiendas emblemáticas que han cerrado sus puertas o lo están por hacer en los próximos meses. Vinçon, tienda histórica de Barcelona fundada en 1941 en un un edificio del modernismo catalán que cerró en 2015. París, su joya principal de la moda, Colette, cerrará en diciembre de este año. Y en Milán, Corso Como, cerrará también sus puertas. Y Ágatha Ruiz de la Prada no se ha quedado atrás.

En marzo de 2011, al cumplir 30 años dedicada al mundo de la moda, la diseñadora abrió la Fundación Ágatha Ruiz de la Prada. Un amplio archivo de la obra artística, cultural e intelectual de la diseñadora. Se trata de una colección de más de 3.000 vestidos, 700 dibujos, 300 carteles e innumerables objetos ‘agathizados’ – desde lavavajillas, a tablas de surf, muñecas o cascos de moto – constituyen una de las mayores colecciones de una diseñadora de moda contemporánea. Y a través de la fundación, participa del proyecto “We Wear Culture” de Google Arts & Culture, una plataforma cultural al filo de la vanguardia de las posibilidades digitales.

La diseñadora sostiene que “La gente busca las raíces, busca que una marca tenga historia. Estamos en medio de un torbellino en el que la industria de la moda está cambiando por completo”.

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