Marcas de zapatos hay muchas pero de buena calidad pocas. Además de tener buen diseño, un calzado tiene que calzar bien. Tiene que ser cómodo. No sé ustedes, pero a mí se me nota en la cara cuando el zapato es incómodo. Claro que intento evitarlo, pero a veces puede fallar. Tiene que tener un buen agarre del pie, sin estar especialmente hecho a medida.

Diego y Javier son quienes están detrás de Cruz Esquivel. Una marca de calzado que nació en 2015 y rinde homenaje a la Yaya, una criolla de la pampa húmeda, la abuela de Javier. Ambos rinden homenaje a las abuelas, las yayas. A la tuya, a la mía y a todas las mujeres que dejan huella. A través de su marca transmiten aquellos valores relacionados con lo artesanal. Aquello que se transmite de generación en generación. La herencia, el trabajo pausado, realizado con calma, como dando cada puntada con el objetivo principal de dejar una huella. Todo ello es lo que quieren transmitir con sus diseños.  Y para ello trabajan con artesanos zapateros respetando las técnicas del oficio. Utilizan cueros nacionales e internacionales y a cada zapato le dan su impronta. Si bien los primeros diseños fueron chatitas y ballerinas, poco a poco fueron incorporando zapatos de taco alto. Sus diseños son originales, coloridos y tienen un toque especial que los caracteriza. Además de tener buen diseño, puedo dar fe que las ballerinas son como andar en pantuflas. La plantilla de cuero que llevan dentro, hacen que el pie se acomode fácilmente al caminar y todo fluya cómodamente.Generalmente al usar zapatos nuevos tenemos esa sensación de que el pie se está amoldando y genera alguna incomodidad. Nada ello me sucedió con el modelo Ana. Placer para pies.      

Los Cruz Esquivel están pensados para perdurar en el tiempo. No pasan de moda, porque como dijo alguna vez Gabrielle Chanel, “La moda pasa, el estilo permanece”.   

 

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